julio 4, 2025
Categories: Medio ambiente
En medio de una crisis climática global y un modelo de consumo acelerado, nuevas formas de vestir están emergiendo. Una de ellas es el intercambio de ropa, una práctica que, además de reducir la huella ambiental, fortalece la economía circular y comunitaria.
De acuerdo con un informe de la Fundación Ellen MacArthur (2017), cada segundo se incinera o entierra el equivalente a un camión de ropa. Además, la industria textil es responsable del 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, más que los sectores de aviación y transporte marítimo combinados.
Este modelo de moda rápida —o fast fashion— ha generado una sobreproducción insostenible. En contraste, el intercambio de ropa promueve una economía circular, que, según la misma fundación, permite mantener productos y materiales en uso por más tiempo, reduciendo así la presión sobre los recursos naturales y los residuos.
En ciudades de América Latina, incluyendo Tegucigalpa han emergido iniciativas como ferias de intercambio, tiendas de segunda mano y redes sociales dedicadas al swap.

